lunes, 19 de mayo de 2008

LA IGNORANCIA COMO ESTANDARTE.




No es la primera vez que “Lo Nuestro” (para referirse a la cultura y sus manifestaciones artísticas) es usado para criticar negativamente una propuesta artística abstracta o conceptual. Políticos, críticos y hasta creadores recitan la frase y todo mundo baja la cabeza aceptando un dogma local que no tiene márgenes definidos.
¿A qué se refieren estas personas? ¿A la jarana actual con su origen español? ¿A la vaquería en las haciendas de los caciques? ¿Al henequén, símbolo de la riqueza de una clase social a costa de la esclavitud del pueblo maya? ¿A los flamboyanes y lluvias de oro? plantas exóticas, es decir, ajenas a los ecosistemas locales. ¿Esto es lo nuestro? ¿De esto debemos sentirnos orgullosos, cultivarlo y defenderlo como si se tratasen de valores inamovibles y aceptados como credos religiosos?
Basta salir a las comunidades rurales, caminar por los mercados, hablar con los políticos y sus planes de progreso, con los artistas en sus distintas disciplinas, con los que han migrado a la riviera, con los drogadictos, con los empresarios, con los extranjeros que residen en Yucatán, con los estudiantes, con los periodistas, para saber que “Lo Nuestro” no corresponde para nada a una sola realidad y lo que es peor, no es la imagen de un Yucatán tranquilo, de paz, de bonanza para todos, de desarrollo cultural contemporáneo (cuidado con el uso de esta palabra). Hay un cuento de Augusto Monterroso (El grillo maestro) donde un grillo viejo, director de una escuela alaba al maestro porque les enseña a las crías que no hay canto más bello que el de estos insectos y se burla de las aves que tienen la osadía de hacerlo con la garganta. Termina la historia con esta frase: “Al escuchar aquello, el Director, que era un Grillo muy viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se retiró, satisfecho de que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos”.

¿Cuántas veces los “críticos” locales de arte ante una obra que no entienden han esgrimido “Lo Nuestro” para justificar su ignorancia? ¿Cuántas veces nos han hecho el favor de hablar por la “mayoría del pueblo yucateco” para exigir que tal obra no representa Lo Nuestro? Habría en todo caso que hacer una crítica a la definición y revaloración de aquello que se defiende. ¿Hasta qué niveles puede parecerse la sociedad yucateca al cuento de Monterroso, cuando ante lo desconocido que resulta una obra se recita el Anatema: “Lo Nuestro”? Después de esto, quien se atreva a cuestionarlo puede ser acusado de campechano, chilango o intelectualoide, (como si el conocimiento fuera un pecado mortal que habría que esconder), calificativos que te ubican fuera del “pueblo común” que comparte un mismo valor y compromiso para la defensa de su ignorancia bajo el criterio obviamente de quien habla.

No será esta la última vez que suceda, habrán defensores de “Lo Nuestro” que ante la seguridad que da la inmovilidad, sienten una paz digna de un paisaje de las que tanto gustan a estos personajes: Albarradas, flamboyanes, chimeneas y haciendas henequeneras abandonadas, con pavos, perros y mestizas al frente. ¡Oh sí! Qué alivio se siente al ver una imagen que sí se entiende y que no invita a pensar en nada más que desear estar ahí, bajo el follaje del flamboyán, pero como patrón no como peón esclavizado de por vida a las fajinas.

Al igual que Rosel, espero que en las exposiciones futuras, dejemos de vernos la cara solamente los artistas y sus familias y que podamos contar con la presencia de los políticos, críticos y defensores de “Lo Nuestro”.
Celebro a la par del maestro Cortés Ancona y que muchos creadores jóvenes, al igual que muchos artistas de verdad y a la par de mucha gente que así lo ha manifestado (no necesariamente en un medio de difusión) que se haya podido realizar dicha muestra. Celebro también con alegría y emoción que el señor Góngora Paz hiciera su instalación y critique lo expuesto en el Paseo de Montejo. Celebro que por fin, después de muchos años de “Lo Nuestro” la basura del pueblo yucateco acomodada en el Glorioso Paseo de Montejo, haya logrado lo que ningún Castro Pacheco, lo que ningún García Ponce, lo que ningún Armando Manzanero ni ninguna otra manifestación artística ha logrado: Mantener una discusión sobre los valores del arte actual, la inclusión de los creadores locales en la industrial cultural institucional, que quedará incompleto si este momento no se usa para criticar y replantearse los elementos que integran “Lo Nuestro” que tan apasionadamente defendemos, pero lo que más me da gusto y festejo con alegría es que la obra (fuera de nacionalidades, materiales y costos) por fin cumplió el objetivo que el arte busca: Hacernos pensar y actuar.
“Lo Nuestro” no debe ser un escudo y un lastre para el conocimiento. La historia de Yucatán no será peor con un pueblo que se atreva a cuestionar y se abra al aprendizaje. Los diputados, políticos, críticos y defensores de “Lo Nuestro” deberían saber que la nueva generación de creadores ya no está pensando en albarradas ni haciendas como valores de identidad cultural, ya el concepto de “Lo Nuestro” ha roto con esa arcaica definición. El contraste de nuestro mapa de valores con lo que sucede al exterior de la frontera nos dará un punto de equilibrio para la renovación de los valores que son positivos y unificarán el sentir del pueblo yucateco. No se tratará tampoco de pasar del “grillo maestro” al “traje nuevo del Rey” donde todos alabemos (de nuevo sin criterio) cualquier adefesio que se nos quiera vender como arte. Ya para terminar quiero comentar que existen hoy día una gran cantidad de propuestas independientes, todas locales, ricas en simbolismos, lenguajes y técnicas, que ni están pidiendo permiso ni espacio porque ya es imposible detener el desarrollo humano que es consecuencia natural del conocimiento y que sin lugar a dudas tienen más similitud con las obras que ahora algunos “conocedores” critican de modo tan grosero y agresivo.

Abril de 2008
Karín Mijangos.

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